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Cuando las pruebas iniciales no aclaran el asma: la metacolina puede ser decisiva

By Doctor Javier Subiza on 07/10/2026

Una niña respiraba de forma llamativamente acelerada después del ejercicio, pero no refería falta de aire ni presentaba tos o silbidos. El FeNO era normal y las exploraciones iniciales no habían aclarado el diagnóstico. En este caso, la prueba de metacolina aportó la información decisiva para diagnosticar el asma bronquial.

Un caso de asma con síntomas poco evidentes

La madre y los profesores de una niña en edad escolar observaban que, después de correr o nadar, respiraba con una intensidad mayor de la esperada. Sin embargo, ella no percibía dificultad respiratoria y no presentaba los síntomas que habitualmente asociamos al asma, como tos, silbidos en el pecho o sensación de opresión.

Además, existían respiración oral ocasional y ruidos de probable origen nasofaríngeo, con antecedentes de hipertrofia adenoamigdalar. Era necesario estudiar tanto la vía aérea superior como la posible participación de los bronquios.

¿Por qué las primeras pruebas no aclararon el diagnóstico?

El FeNO fue de 8 ppb, un valor normal. El óxido nítrico exhalado ayuda a valorar la inflamación de tipo 2, especialmente la eosinofílica. Un resultado bajo hace menos probable ese patrón inflamatorio, pero no excluye el asma. Tampoco basta, por sí solo, para definir el fenotipo de la enfermedad.[1,2]

La espirometría inicial con broncodilatador no fue concluyente. En aquella primera exploración, la colaboración fue insuficiente. Por tanto, la ausencia de mejoría después del salbutamol no podía interpretarse como una prueba fiable para descartar asma. En general, una respuesta broncodilatadora negativa tampoco excluye la enfermedad: la obstrucción puede ser variable y no estar presente en el momento de la exploración.[1]

Las pruebas de esfuerzo tampoco resolvieron la sospecha. En las exploraciones posteriores, la niña ya realizaba correctamente las maniobras respiratorias. Se registraron descensos máximos del FEV1 del 10 % y del 6 %, pero no se alcanzó la intensidad de ejercicio prevista. Por ello, no permitían descartar con suficiente seguridad una broncoconstricción inducida por ejercicio.[4]

La metacolina aportó la pieza que faltaba

Se realizó una provocación bronquial con metacolina, con maniobras técnicamente adecuadas y sin un proceso catarral en las dos semanas previas. Durante la prueba se produjo una caída del FEV1 superior al 20 % con una concentración muy baja.

La PC20 fue de 0,17 mg/ml. La PC20 expresa la concentración de metacolina que provoca un descenso del 20 % en el volumen de aire expulsado durante el primer segundo de una espiración forzada, denominado FEV1.

Este resultado demostró una marcada hiperreactividad bronquial. Integrado con la historia clínica y la calidad de las mediciones, permitió establecer el diagnóstico de asma bronquial en esta paciente.

¿En qué consiste la prueba de metacolina?

La metacolina permite estudiar si los bronquios se estrechan con demasiada facilidad. Se administra por inhalación en dosis progresivas y se mide la función pulmonar después de cada administración. La exploración sigue un protocolo de seguridad, bajo supervisión sanitaria, y se administra un broncodilatador cuando está indicado para revertir la respuesta.[3]

Es especialmente útil cuando persiste la sospecha de asma y las pruebas iniciales no permiten confirmarla. Su indicación depende de la valoración del especialista, de la función pulmonar y de la capacidad para realizar mediciones fiables.

Los resultados dependen también del dispositivo y del protocolo utilizado. Por este motivo, los estándares actuales recomiendan expresar la respuesta mediante la dosis administrada cuando sea posible, para facilitar la comparación entre distintos sistemas.[3]

Cada exploración responde a una pregunta diferente

  • Espirometría: estudia el funcionamiento de los pulmones y puede detectar obstrucción al flujo aéreo.
  • Test de broncodilatación: valora si la función pulmonar mejora después de administrar un broncodilatador.
  • FeNO: aporta información sobre un tipo de inflamación de la vía aérea.
  • Prueba de esfuerzo: estudia si el ejercicio provoca estrechamiento bronquial.
  • Metacolina: evalúa la reactividad de los bronquios ante un estímulo controlado.

Una prueba positiva de metacolina debe interpretarse junto con la clínica: la hiperreactividad bronquial también puede aparecer en otras situaciones. Del mismo modo, una respuesta intensa a metacolina no significa, por sí sola, que el asma sea clínicamente grave.[3]

La enseñanza de este caso

Un FeNO normal o una exploración inicial no concluyente no deben cerrar el estudio cuando persiste una sospecha clínica razonable. En esta niña, la metacolina fue esencial para demostrar la alteración bronquial que las exploraciones previas no habían aclarado.

El diagnóstico requiere integrar los síntomas, la calidad técnica de las pruebas y sus resultados. Esta valoración permite elegir el tratamiento y el seguimiento más adecuados para cada paciente.

Referencias bibliográficas

  1. Global Initiative for Asthma (GINA). Frequently Asked Questions: diagnóstico del asma y papel de los biomarcadores. Consultado el 7 de octubre de 2026. Consultar recurso.
  2. Dweik RA, et al. An official ATS clinical practice guideline: interpretation of exhaled nitric oxide levels (FeNO) for clinical applications. Am J Respir Crit Care Med. 2011;184(5):602-615. doi:10.1164/rccm.9120-11ST.
  3. Coates AL, Wanger J, Cockcroft DW, et al. ERS technical standard on bronchial challenge testing: general considerations and performance of methacholine challenge tests. Eur Respir J. 2017;49(5):1601526. doi:10.1183/13993003.01526-2016.
  4. Hallstrand TS, et al. ERS technical standard on bronchial challenge testing: pathophysiology and methodology of indirect airway challenge testing. Eur Respir J. 2018;52(5):1801033. doi:10.1183/13993003.01033-2018.

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